La Leyenda del Ciervo de Oro

 

Tras la confusión de lenguas que se produjo en la torre de Babel, el rey Mentot llegó a tierras de Persia, donde se casó y tuvo dos hijos llamados Hunor y Magiar, que resultaron ser unos fantásticos cazadores.

Un día que los dos hermanos salieron a cazar a caballo con todos los escuderos, sirvientes, arqueros y ojeadores, vieron un ciervo como no habían visto nunca. Tenía la piel blanquísima y los cuernos le brillaban como si fueran de oro, con un resplandor que parecía mágico. Los cazadores, sorprendidos y maravillados a la vez, se dispusieron a perseguirlo con el afán de conseguir lo que veían como un trofeo de caza excepcional.

-¡Adelante, sin miedo! -gritaron a pleno pulmón Hunor y Magiar.

Lo persiguieron durante tres días, pero no pudieron darle alcance. Atravesaron bosques y prados, riachuelos y torrentes, crestas y lomas, y el ciervo no se dejaban atrapar.

Al tercer día se detuvieron a descansar. Y comentando la extraordinaria resistencia de aquel animal, llagaron a la conclusión de que era un ciervo mágico, imposible de cazar.

Pero cuando se disponían a emprender el regreso de vuelta, se dieron cuenta de que habían llegado a un país excelente, de bosques lozanos y prados de hierba con unos pastos excelentes. Así que decidieron quedarse allí para siempre.

Hacía cinco años ya que vivían allí cuando, de pronto volvieron a ver al ciervo maravilloso. No pudieron evitar perseguirlo, lo que les llevó muy lejos, en dirección a occidente. Tampoco en esta nueva ocasión pudieron atrapar a aquel animal singular. Pero en un momento de la persecución oyeron unos cantos y unas risas que les hicieron olvidar por un instante la cacería. Se acercaron al lugar de donde procedían y vieron a un centenar de chicas, todas ellas jóvenes y guapas (quizás unas más que otras), que se bañaban en el río y jugaban por los prados de la orilla. Hunor, Magiar y sus compañeros se quedaron extasiados. Entre aquellas chicas se encontraban las dos hijas del rey Dul, el príncipe de los alanos, que se divertían con sus doncellas aprovechando que sus padres y sus hermanos se habían ido a la guerra.

-Hay una para cada uno -dijeron Hunor y Magiar. -Que cada cual escoja la que prefiera.

E inmediatamente los dos hermanos dieron ejemplos y raptaron a las dos hijas del rey Dul, lo que sus compañeros imitaron sin hacerse de rogar. Las chicas no ofrecieron demasiada resistencia. Hunor y Magiar las trasladaron a su campamento sin darse cuenta de que, desde una colina, contemplaba la escena, inmóvil, un ciervo de cuernos de oro.

Las chicas raptadas se conformaron muy pronto con la suerte que el destino les había reservado. Y de su unión con Hunor, Magiar y sus guerreros se originaron las famosas naciones hermanas entre hunos y magiares.

 

Fuente: sanwalocuenta.